Pobre muchacha cuando llega a la oficina.
¡Ay! Que se pone nerviosita ‘perdía’,
que los tiburones se la zampan con papitas fritas.
Y es que es ella tan inocente y tan enterita.
¡Ay! Pobre niña que has caído del cielo,
y desde el limbo caes y bajas a este mundo de lagartas...

